"...tomé mi hermosa katana, mi
amado Chikara, lo desenvainé y su afilada hoja relució ante la luz de la luna
dándole brillos azules. La acerqué a mí y concentrándome en lo que debía hacer
recorrí la espada desde la empuñadura hasta la punta de la hoja con el vaho de
mi aliento. Finalmente apoyé mis labios en la parte central de esta.
Chikara comenzó a enrojecerse de igual manera a como lo hace el acero
fundido, lo solté dejándolo levitar pues aun quería transformar algunas armas
más."

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